Mi maternidad viviendo con una enfermedad mental
Un relato personal sobre ser mamá con trastorno bipolar, terapia, crisis, miedo, reparación y una maternidad consciente, no perfecta.
Hola, soy Nati.
Soy mamá.
Y tengo trastorno bipolar.
Probablemente este sea uno de los textos más personales que he escrito aquí.
Porque decirlo en voz alta todavía se siente extraño. Como decir: “mira, estoy enferma”.
Pero quiero empezar por algo importante:
esta enfermedad jamás me ha impedido ser mamá.
Nunca.
Aunque sí me ha puesto algunos frenos en el camino.
Mi diagnóstico no empezó con la maternidad
Tuve mi primer diagnóstico relacionado con salud mental cuando tenía 20 años.
Y he estado medicada desde los 21.
Cuando quedé embarazada, estuve acompañada por profesionales maravillosos que cuidaron tanto mi salud mental como la salud de mi bebé.
De hecho, y esto sorprende a muchas personas, creo que nunca estuve tan bien emocionalmente como durante mi embarazo.
Pero sabíamos que había que estar atentos.
Porque el riesgo de depresión posparto era alto.
Y aunque afortunadamente no apareció en el posparto inmediato, mi primera gran crisis llegó cuando Chris tenía alrededor de 18 meses.
Ha sido una de las experiencias más difíciles de mi vida.
Después vinieron otras crisis.
Muchos intentos.
Muchos ajustes.
Muchos momentos de volver a empezar.
Hasta que finalmente llegó el diagnóstico correcto.
Y aunque ponerle nombre a lo que me pasaba fue duro, también fue un alivio.
Porque por fin entendía contra qué estaba luchando.
Cómo se siente una crisis
Yo podría describir una crisis como si alguien apagara las luces dentro de mí.
Como si de repente desapareciera la energía.
La motivación.
Las ganas.
Incluso partes de quien soy.
Hay días en los que levantarse de la cama parece una tarea imposible.
Días en los que comer cuesta.
Días en los que responder un mensaje se siente como subir una montaña.
Días en los que simplemente sobrevivir consume toda la energía disponible.
Y aun así, hay algo que me sigue sorprendiendo.
Nunca se ha llevado mi maternidad.
Nunca.
Es como si Chris llegara y alguna parte de mí volviera a encenderse.
No porque él tenga que salvarme. No porque sea su responsabilidad. Jamás.
Sino porque el amor también encuentra grietas por donde entrar, incluso en los días más oscuros.
Ser mamá con una enfermedad mental
Ser mamá con una enfermedad mental es una lucha constante.
Es querer estar bien porque tu hijo lo merece.
Pero al mismo tiempo tener días en los que tu cuerpo y tu mente no responden como quisieras.
Es aprender a pedir ayuda antes de llegar al límite.
Es tener un plan.
Es ir a terapia.
Es tomar medicamentos si tu médico lo indica.
Es aceptar que necesitas descanso, estructura y apoyo, aunque el mundo nos venda la idea de que una mamá debería poder con todo.
Y no.
Nadie debería tener que poder con todo.
Las conversaciones que nunca imaginé tener
También significa tener conversaciones que nunca imaginé tener.
Explicarle a un niño pequeño que mamá a veces necesita descansar más.
Que a veces necesita llorar.
Que a veces no se siente bien.
Y aprender a hacerlo sin cargarlo con responsabilidades que no le corresponden.
Porque esa parte para mí es muy importante: Chris puede saber que mamá tiene emociones, pero no tiene que hacerse cargo de ellas.
Puede verme reparar, pedir perdón, respirar, descansar, ir a terapia.
Pero no tiene que convertirse en mi cuidador.
No tiene que salvarme.
No tiene que portarse perfecto para que yo esté bien.
Ese peso no es suyo.
El miedo también existe
No voy a mentir.
Me da miedo.
Me da miedo equivocarme.
Me da miedo que esto pueda afectarlo.
Me da miedo hacerle daño sin querer.
Creo que ese miedo vive dentro de muchas mamás, incluso de mamás que no tienen un diagnóstico.
Porque amar tanto a alguien también abre la puerta a ese temor: ¿y si no lo hago bien?, ¿y si le dejo heridas?, ¿y si algún día recuerda mis días difíciles?
No tengo respuestas perfectas.
Pero sí tengo una convicción: esconder lo que soy no me hace mejor mamá.
Cuidarme, pedir ayuda, tratarme, reparar y hablar con honestidad sí.
Lo que esta enfermedad me ha enseñado
También he descubierto algo que jamás esperaba.
Esta enfermedad me ha convertido en una mejor mamá.
No porque la enfermedad sea bonita.
No porque romantice el dolor.
No porque crea que una crisis “enseña” de una forma mágica.
Sino porque me obligó a conocer mis emociones.
Y cuando aprendes a escuchar las tuyas, también aprendes a escuchar las de tu hijo.
Hoy puedo nombrar lo que siento.
Puedo hablar de tristeza, miedo, frustración, rabia, alegría, cansancio.
Puedo decir: “hoy mamá está teniendo un día difícil, pero está buscando ayuda”.
Puedo enseñarle a Chris que todas las emociones tienen un lugar.
Que llorar no es malo.
Que descansar no es fallar.
Que pedir perdón importa.
Que reparar también es amar.
La maternidad que quiero construir
Voy a terapia cada semana.
Aprendo constantemente sobre mí.
Me cuestiono.
Me equivoco.
Reparo.
Vuelvo a empezar.
Y todo eso también hace parte de la maternidad que quiero construir.
No una maternidad perfecta.
Una maternidad consciente.
Una maternidad donde mi hijo no tenga que cargar mis heridas, pero sí pueda crecer viendo que los adultos también sienten, se cuidan y piden ayuda.
Una maternidad donde la salud mental no sea un secreto vergonzoso.
Una maternidad donde el amor no niega la enfermedad, pero tampoco se deja definir por ella.
Si tú también estás maternando con una enfermedad mental
Si alguna mamá que está leyendo esto también vive con una enfermedad mental, quiero decirle algo:
no estás sola.
Y tu diagnóstico no define el amor que eres capaz de darle a tu hijo.
No eres menos mamá por necesitar medicación.
No eres menos mamá por ir a terapia.
No eres menos mamá por tener días malos.
No eres menos mamá por necesitar red.
Eres una mamá atravesando algo difícil y mereces acompañamiento, no juicio.
Si estás embarazada, en posparto o criando y sientes que algo no está bien, habla con tu médico, tu terapeuta, tu psiquiatra o una persona de confianza. Si tienes pensamientos de hacerte daño o sientes que podrías estar en peligro, busca ayuda inmediata. En Colombia, ante una emergencia, puedes llamar al 123 o acudir a urgencias.
No esperes a tocar fondo para pedir ayuda.
Yo sigo aprendiendo todos los días.
Sigo cayéndome.
Sigo levantándome.
Pero aquí estamos.
Y lo hemos logrado.
Un día a la vez.
Preguntas frecuentes
¿Una enfermedad mental impide ser mamá? +
No. Un diagnóstico no define el amor ni la capacidad de maternar. Pero sí puede requerir acompañamiento profesional, tratamiento, red de apoyo y planes claros para los momentos difíciles.
¿Se puede tomar medicación de salud mental durante el embarazo? +
Algunas personas necesitan tratamiento durante el embarazo, pero esa decisión debe tomarse siempre con psiquiatría y obstetricia. No suspendas ni cambies medicamentos sin orientación médica.
¿Cómo hablarle a un niño sobre la salud mental de mamá? +
Con palabras simples, sin cargarlo de responsabilidades. Por ejemplo: “mamá hoy necesita descansar” o “mamá se siente triste, pero los adultos la están ayudando”.
¿Qué hago si estoy en crisis o tengo pensamientos de hacerme daño? +
Busca ayuda inmediata. Contacta a tu profesional de salud, ve a urgencias o llama a la línea de emergencia de tu país. En Colombia puedes llamar al 123 si hay riesgo inmediato.
Fuentes
- Bipolar Disorder - National Institute of Mental Health
- Screening and Diagnosis of Mental Health Conditions During Pregnancy and Postpartum - ACOG
- Bipolar Support for Perinatal Moms and Birthing People - Postpartum Support International
- Prevención del suicidio - Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia
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