Volver al blog

Lo que he aprendido luego de dos años de terapia siendo mamá

Una reflexión íntima sobre terapia, maternidad, salud mental, trauma, crianza en pareja y honrar la historia de las mujeres que vinieron antes sin repetirla.

Por Nati es Mamá 17 de junio de 2026

Más ideas para guardar

En Instagram, TikTok y Facebook compartimos reels, planes e ideas simples para tener a mano cuando necesites inspiración.

Lo que he aprendido luego de dos años de terapia siendo mamá…

Y no, no es que ahora tenga todas las respuestas.

Ojalá.

Pero sí hay cosas que me han cambiado la forma de mirarme, de maternar y de entender mi historia.

Cosas que ojalá alguien me hubiera dicho antes.

El trauma no siempre es solo lo que pasó

He aprendido que el trauma no siempre se trata únicamente de lo que te pasó.

Muchas veces también se trata de haber tenido que vivirlo sola.

De no haber tenido una persona segura con quien hablarlo.

De no tener un lugar donde ponerle palabras a lo que estabas sintiendo.

De haber aprendido a aguantar porque nadie estaba disponible para sostenerte.

Y esto, cuando una se convierte en mamá, se vuelve muy fuerte.

Porque de repente estás intentando acompañar las emociones de tu hijo, mientras te das cuenta de que muchas de las tuyas nadie las acompañó.

Y duele.

Pero también abre una puerta.

Porque nombrarlo ya es empezar a cuidarlo distinto.

Convertirte en mamá cambia tu cerebro

He aprendido que convertirte en mamá cambia tu cerebro para siempre.

Y creo que por eso tantas veces sentimos que ya no somos la misma persona de antes.

Porque la verdad es que no lo somos.

No es solo cansancio.

No es solo “drama”.

No es solo que ahora todo nos importa demasiado.

La maternidad reorganiza prioridades, miedos, deseos, vínculos, identidad.

Te cambia la forma de mirar el mundo.

Te cambia la forma de mirar tu propia infancia.

Te cambia la forma de mirar a tu mamá.

Te cambia la forma de mirarte a ti.

Y a veces una está intentando volver a ser la de antes, cuando tal vez lo que necesita es conocer a esta nueva versión.

Con paciencia.

Con menos juicio.

Con más ternura.

Mi salud mental también hace parte de mi maternidad

He aprendido que tener una enfermedad mental, en mi caso, me ha convertido en una mejor mamá.

Y quiero decir esto con cuidado.

No porque romantice la enfermedad.

No porque crea que sufrir nos hace mejores.

No porque una crisis sea algo lindo.

Sino porque mi salud mental me obligó a conocerme.

A pedir ayuda.

A hacerme responsable de mí.

A aprender a identificar señales.

A entender que no puedo maternar bien si me abandono por completo.

Y sobre todo, me enseñó algo que repito mucho:

cuidar mi mente también es una forma de cuidar a mi hijo.

Ir a terapia, tomar decisiones difíciles, descansar, medicarme si mi médico lo indica, pedir apoyo, poner límites… todo eso también es maternidad.

No se ve tan bonito en una foto.

No siempre se celebra.

Pero sostiene.

La terapia debería ser más normal

He aprendido que ir a terapia debería ser mucho más normal de lo que es.

Porque todas necesitamos un lugar seguro.

Un lugar donde no tengamos que editar lo que sentimos para que suene bonito.

Un lugar donde podamos decir: “estoy cansada”, “tengo rabia”, “me dio miedo”, “no sé qué hacer con esto”.

Y que alguien nos ayude a mirar eso sin juzgarnos.

A veces una mirada externa puede ayudarnos a entender cosas que llevamos años intentando resolver solas.

A mí la terapia no me quitó todos los problemas.

Pero me dio algo que necesitaba muchísimo: un espacio donde dejar de sobrevivir en automático y empezar a entenderme.

Mamá y papá no crían igual

He aprendido que la crianza de mamá y papá son diferentes.

Y que mientras más rápido hagamos las paces con eso, más tranquila se vuelve la maternidad.

Mi hijo no necesita que criemos igual.

Necesita que aprendamos a criar juntos.

Esto me ha costado.

Porque a veces una quiere que todo se haga como una lo haría.

Que respondan igual.

Que preparen igual.

Que jueguen igual.

Que calmen igual.

Pero criar juntos no significa copiarse.

Significa hablar.

Acordar lo importante.

Respetar diferencias.

Corregir lo que haga daño.

Y soltar un poco el control sobre lo que simplemente es distinto.

Chris no necesita dos mamás.

Necesita una mamá y un papá presentes, responsables y dispuestos a aprender.

La salud mental es salud

He aprendido que la salud mental es tan importante como la salud física.

Y que no debería darme vergüenza pedir ayuda cuando me siento mal por dentro.

Si me doliera el pecho, buscaría ayuda.

Si tuviera fiebre por días, buscaría ayuda.

Si me rompiera un brazo, buscaría ayuda.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto pedir ayuda cuando lo que duele es la mente?

Sé que todavía hay mucho estigma.

Sé que a veces da pena.

Sé que una teme que la juzguen, que minimicen lo que siente o que le digan “pero si tienes todo para estar bien”.

Pero la salud mental no funciona así.

Y pedir ayuda no es exagerar.

Pedir ayuda es cuidarse.

Vengo de mujeres increíbles

He aprendido que vengo de un linaje de mujeres increíbles.

Mujeres fuertes.

Mujeres trabajadoras.

Mujeres que resolvieron con lo que tenían.

Mujeres que fueron unas supermamás.

Pero también mujeres que maternaron solas.

Mujeres que cargaron demasiado.

Mujeres que no tuvieron permiso para descansar.

Mujeres que hicieron lo mejor que pudieron en contextos donde pedir ayuda no siempre era una opción.

Y entender eso me ha movido muchas cosas por dentro.

Porque antes pensaba que honrarlas era aguantar igual.

Ser igual de fuerte.

Poder con todo.

No quejarme.

No necesitar a nadie.

Pero la terapia me ha enseñado otra cosa.

Me ha enseñado que puedo agradecer lo que hicieron sin convertir su dolor en mi destino.

Puedo reconocer su fuerza sin obligarme a vivir desde el sacrificio permanente.

Puedo amar mi historia sin repetir cada parte de ella.

No tengo que hacerlo sola para hacerlo bien

Quizás una de las lecciones más importantes que me ha dejado la terapia es esta:

puedo pedir ayuda.

Puedo apoyarme en otros.

Puedo descansar.

Puedo decir “no puedo más”.

Puedo necesitar una pausa.

Puedo aceptar que la maternidad no fue diseñada para vivirse en soledad.

Y eso no me hace menos mamá.

Me hace humana.

Una mamá humana.

Una mamá que está aprendiendo.

Una mamá que se equivoca y repara.

Una mamá que no quiere repetir heridas solo porque fueron normales en otra generación.

En resumen

Después de dos años de terapia siendo mamá, no tengo una vida resuelta.

No tengo todas las respuestas.

No tengo una maternidad impecable.

Pero tengo más conciencia.

Más lenguaje para nombrar lo que siento.

Más capacidad de pedir ayuda.

Más compasión por mí.

Y una frase que se me ha quedado tatuada por dentro:

puedo honrar su historia sin repetirla.

Preguntas frecuentes

¿Ir a terapia cambia la forma de maternar? +

Puede ayudar muchísimo. La terapia no te vuelve una mamá perfecta, pero sí puede darte herramientas para entender tus emociones, reparar, pedir ayuda y criar con más conciencia.

¿La maternidad puede remover heridas de la infancia? +

Sí. Para muchas mujeres, maternar despierta recuerdos, duelos o preguntas sobre la propia historia. Por eso tener un espacio seguro para hablarlo puede ser muy valioso.

¿Mamá y papá tienen que criar exactamente igual? +

No necesariamente. Lo importante no es que críen idéntico, sino que puedan conversar, acordar límites importantes y trabajar como equipo.

¿Pedir ayuda me hace menos mamá? +

No. Pedir ayuda, descansar y apoyarte en otros también son formas de cuidar a tus hijos y de cuidarte a ti.

Fuentes

  1. Understanding psychotherapy and how it works - American Psychological Association
  2. What is Psychotherapy? - American Psychiatric Association
  3. Enduring maternal brain changes and their role in mediating motherhood’s impact on well-being - PMC
  4. Screening and Diagnosis of Mental Health Conditions During Pregnancy and Postpartum - ACOG

También puede servirte

Artículos relacionados