Criar sin azúcar añadida: lo que nos funciona con Chris
Nuestra experiencia evitando ofrecer azúcar añadida a Chris: no desde la prohibición, sino desde las rutinas, el ejemplo y una casa donde lo dulce no es lo cotidiano.

Por Nati es Mamá
11 de julio de 2026
Chris ha sido un niño sin azúcar añadida. Con esto no quiero decir que controlemos cada cosa que come ni que vivamos con miedo a un ingrediente. Quiero decir algo más simple: si sabemos que algo es un dulce o tiene azúcar añadida, no se lo ofrecemos intencionalmente y no hace parte de lo que compramos para la casa.
No tenemos gaseosas, dulces ni paquetes pensados para él como parte de la rutina. La idea nunca ha sido prohibirle a Chris un alimento ni hacer que lo dulce se vuelva un tema enorme. Ha sido construir un entorno donde eso no sea lo normal.
Esta es una decisión de nuestra familia, no una regla para medir cómo lo está haciendo otra mamá o papá. La comida tiene historia, cultura, presupuesto, horarios y realidades distintas en cada casa. A nosotros nos ha servido empezar por lo que sí podemos elegir todos los días: lo que ponemos en el mercado, lo que dejamos a la vista y el ejemplo que damos.
No se trata de prohibirle al niño
Cuando se habla de azúcar, a veces todo termina en una pelea: el niño pide, el adulto dice que no, el dulce se vuelve más deseado y comer queda cargado de tensión.
Nosotros hemos intentado ir por otro lado. No queremos que Chris sienta que hay una lista de comidas “malas” ni que un dulce sea un premio por portarse bien. Tampoco queremos que la comida sea un castigo, una negociación o la única forma de consolar una tristeza.
El cambio real ha sido familiar.
Si Chris ve que nosotros tomamos agua en vez de gaseosa, que el postre no aparece todos los días y que la fruta está disponible para una merienda, eso se vuelve su referencia. No porque él tenga que hacer todo perfecto, sino porque los niños aprenden muchísimo de lo que ven repetirse en su casa.
Es injusto poner a competir una fruta con un dulce
Siempre he dicho esta frase: es injusto poner a competir una fruta con un dulce.
Un dulce está diseñado para saber intensamente dulce y ser muy fácil de querer. Una fruta, en cambio, tiene dulzor, pero también textura, fibra, agua y sabores que pueden ser más sutiles. Si la alternativa habitual es una galleta, una gaseosa o una golosina, es muy difícil pedirle a un niño que vea una fruta con los mismos ojos.
Por eso, en vez de esperar que Chris escoja “bien” frente a una vitrina llena de opciones, tratamos de no poner esa competencia todos los días.
En casa suele funcionar mejor tener a mano opciones sencillas: fruta lavada y lista para comer, yogur natural sin azúcar añadida, huevo, arepa, queso, avena o preparaciones caseras que de verdad nos gusten a todos. No tienen que ser recetas elaboradas ni una lonchera perfecta. La clave para nosotros es que sean opciones posibles en una semana normal.
La razón detrás de esta decisión
Chris está creciendo y formando sus gustos. En esta etapa nos importa que pueda conocer los sabores de los alimentos sin que lo muy dulce sea el punto de comparación constante.
No pensamos que una cucharada de azúcar defina a un niño, ni creemos que haya que criar desde el miedo. Pero sí sabemos que el azúcar añadida no aporta un valor nutricional que Chris necesite para crecer. Por eso preferimos dejar espacio para alimentos que sí le aportan energía, fibra, proteína, grasas y micronutrientes.
La recomendación de evitar alimentos y bebidas con azúcares añadidos antes de los 2 años nos dio una guía clara al inicio. Después, más que perseguir un número o una etiqueta perfecta, hemos querido sostener un hábito familiar: que lo dulce no marque el ritmo de nuestra alimentación.
También hacemos una distinción importante: no es lo mismo el azúcar naturalmente presente en una fruta o en la leche que el azúcar añadida a una bebida, una galleta o un postre. La fruta no es “un dulce con disfraz”; es un alimento completo que puede ser parte de la alimentación de un niño.
Lo que cambió en nuestra rutina
Para nosotros, criar sin ofrecer azúcar añadida ha tenido menos que ver con decir “no” y más que ver con organizar la casa de otra forma.
Algunas cosas que nos han servido:
- no comprar gaseosas, golosinas ni postres para el día a día;
- tomar agua como bebida habitual;
- no usar dulces como premio, soborno o consuelo;
- ofrecer comidas y meriendas a horas más o menos predecibles;
- comer frente a Chris de una forma parecida a la que esperamos enseñarle;
- no obligarlo a terminar un plato ni insistir hasta que una comida se vuelva una pelea;
- hablar de comida sin culpa y sin decir que alguien es “bueno” o “malo” por comer algo.
No todos los días salen igual. Hay días de afán, visitas, celebraciones y antojos. No estamos buscando una casa perfecta. Estamos buscando que la rutina de la mayoría de los días se parezca a lo que queremos enseñar.
¿Y qué pasa afuera de la casa?
Afuera no podemos controlar todo, ni queremos hacerlo.
En cumpleaños, reuniones familiares, salidas o en el jardín pueden aparecer alimentos que no solemos tener en casa. Nuestra intención no es hacer que Chris se sienta distinto ni convertir un momento social en una batalla. Preferimos acompañarlo, hablarlo con calma cuando hace falta y volver a nuestras rutinas después.
También nos ha servido avisar con sencillez a quienes lo cuidan: en casa no le ofrecemos azúcar añadida. No hace falta dar un discurso ni pedirle a todo el mundo que haga lo mismo; basta con comunicar una decisión de familia con respeto.
Y si un día come algo dulce, no compensamos, no castigamos y no hacemos comentarios sobre su cuerpo. La siguiente comida sigue siendo una comida normal.
Si quieres empezar en tu casa
No tienes que vaciar la despensa de un día para otro. Un cambio sostenible suele empezar pequeño.
Puedes elegir una sola cosa esta semana:
- cambiar la gaseosa habitual por agua;
- dejar de comprar un producto que ya sabes que se volvió automático;
- preparar una merienda sencilla para tener lista;
- revisar las bebidas que toma tu familia;
- dejar de usar un dulce para negociar una tarea o calmar una rabieta.
Si tu hijo ya está acostumbrado a los sabores muy dulces, no es tarde ni hay que hacerlo con castigos. Puedes hacer ajustes graduales, seguir ofreciendo alimentos sin presión y pedir orientación a su pediatra o a un profesional de nutrición infantil si necesitas un plan acorde a su salud, crecimiento o relación con la comida.
Lo que queremos que aprenda Chris
Más que lograr que Chris “nunca coma azúcar”, queremos que crezca entendiendo que el agua quita la sed, que la fruta puede ser rica, que una comida no necesita terminar en postre y que el cuerpo merece comida que lo nutra.
Queremos que la alimentación sea un lugar de curiosidad, disfrute y compañía; no una lista de prohibiciones.
En nuestra casa, no ofrecer azúcar añadida ha sido una forma de cuidar esta etapa de su desarrollo. Pero, sobre todo, ha sido una invitación para que los adultos revisemos nuestras propias rutinas. Porque el ejemplo que más se queda no es el que explicamos: es el que repetimos todos los días.

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ExplorarPreguntas frecuentes
¿Criar sin azúcar añadida significa que un niño nunca puede comer un dulce?+
No necesariamente. En nuestra casa significa que no se la ofrecemos intencionalmente ni la volvemos parte de la rutina. Cada familia puede decidir cómo vive los momentos especiales sin usar la prohibición ni la culpa.
¿La fruta cuenta como azúcar?+
La fruta tiene azúcares naturalmente presentes, pero también aporta fibra, agua y otros nutrientes. No es lo mismo que un alimento o una bebida con azúcares añadidos.
¿Por qué se recomienda evitar el azúcar añadida antes de los 2 años?+
La Academia Americana de Pediatría recomienda evitar alimentos y bebidas con azúcares añadidos antes de los 2 años. En esa etapa hay muchas oportunidades para conocer sabores y construir hábitos sin que lo muy dulce se vuelva parte de lo cotidiano.
Fuentes
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